La seductora cascada de Usgor, ubicado en la esotérica quebrada del mismo nombre, desde tiempos remotos es el distintivo más preciado por el sencillo, locuaz y noble poblador de la tierra natal, Chiquian.

Oleo cortesia de
Maximo Ñato Gamarra
¿Cuándo y quienes lo construyeron? ¿Existe una fecha de su registro inaugural de cuando se echó a correr el agua cristalina, rumorosa y alegre, por el inclinado y divino canal?
Agua, sustancia de vida, que procedía de 2 lugares históricos: uno, del remoto y munífico puquial de Parientana, y el otro, venia como una cinta blanca serpenteada, de la acequia de Chicchog, culminando su fogoso recorrido en el lugar denominado fragua. Los dos conductos, al unirse en matrimonio, generaban el otrora y añorado canal de Jupash.
Mi tributo a los hombres de envidiable paciencia y de campesina sabiduría que construyeron, en exhausto y arduo trabajo, el extendido y espléndido canal. Canal hecho, tal vez en tiempos de estío primaveral o bajo la llovizna invernal, con manos ateridas, encallecidas y con un alto grado de conocimiento en arquitectura y diseño. Cauce situado en el corazón de la jubilosa calle Figueredo del cálido barrio de Jupash. Una obra maestra.
Las piedras, en la forma de losa, acarreados de lugares ignotos, acaramelados como flamantes novios, en perfecta armonía y exactitud, se hallaban adheridas una tras otra tanto al ras del piso oblicuo como en los muros de contención que a través del severo tiempo resistieron por decenas o quizás por centenas de años. En las orillas del viejo canal, yacían mudas piedras de regular tamaño, labradas con un alto nivel de habilidad en la figura impecable de un cuadrado y de un rectángulo.
En las frías mañanas, arrulladas por el diagonal y la incipiente luz amarilla del sol, las resueltas lavanderas del pueblo, presurosas, se acercaban al apacible canal cargando sobre su vigorosa espalda el morral atestado de ropa. La concurrida orilla, en presencia de estas mujeres de un dialogo ilimitado, fluido, apasionado e inconfundible se transformaba en una fiesta matinal.
Todo comenzaba con el murmullo risueño del agua reflejada por la tibia lumbre de la estrella del día y la persistente e intensa habladuría de las mujeres, aplicadas en su ardua tarea en el inclinado borde del canal. Mientras propalan como un reguero de pólvora, de boca en boca, desde la primera hasta la última mujer lavandera, los últimos acontecimientos y novedades del pueblo, con ánimo, agitan con sus manos ateridas, a menudo y veloz, las prendas húmedas colmado de blancos borbollones.
Llega el mes de febrero. En los alegres días de carnaval, al atardecer, cuando en el lento declinar del sol sus bermejas luces titilaban sin fuerza sobre el agua del manso canal, era el momento en que los mozos y las mozas, delante de los chuichis* de sonrisas ingenuas, de los padres y abuelos con gesto alegre y a veces de pocos amigos, apresurados cogían con el recipiente el valioso elemento líquido y lanzándose mutuamente el agua fría, quedaban empapados por completo, quedando con los cuerpos yertos tanto de uno como del otro contendiente. Si por a o b, desaparecía el recipiente, osados jóvenes atrapaban a las distraídas muchachas, la hualpaban** y en vilo la llevan al canal con el propósito de tulpusirlas*** en el agua que sin inmutarse dichosa seguía corriendo por su cauce. Luego de esta barahúnda juvenil, la ropa húmeda abrazaba el pecho de las mozas y el sol, escondido entre nubes lisas, jovial, contemplaba las torneadas y bronceadas piernas.
El susurro del agua de aquel canal añorado, hasta hoy en día, ha quedado grabado con tinta indeleble en mi otoñal imaginación. Sin reparo y con garrafal oscurantismo sobre el símbolo heredado de nuestros ancestros, valorado hasta entonces, por orden de autoridades insensatas, fue sepultado de modo artero y sin piedad con el esperpento del cemento.
El pichuychanca. Chiquian 2 de mayo 2021
Notas
(Chiuchis)* Infantes, niños
(Hualpar)** cargar.
Hualpaban = cargaban
(Tulpusir)*** hundir en el agua
Tulpusiar = hundirla en el agua
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| Calle Figueredo. Otrora canal de Jupash. Cortesía, oleo del pintor Máximo Ñato Gamarrara |
| Actual calle Figueredo 1ra cuadra |
| Actual calle Figueredo. 1ra cuadra |
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| Chiquian vista panorámica desde las faldas de Cspilla Punta |
Observar la danza de los Negritos de Chiquian, —estilo Yahuar Mayu, ríos de sangre— y ver en cada danzante trasmitir su inconfundible cadencia, sentimiento y emoción, eso quedó grabado como una tinta indeleble en mi infantil imaginación. En aquel momento siempre era mi deseo de bailar esta antigua y bella danza. Pero mi sentimiento ardía rebosante de orgullo en mi pequeño pecho por practicar mi deporte preferido, el futbol. Sin embargo, también debo confesar, que, por un lado me fascinaba ver las danzas tradicionales y por otro, lo digo con toda sinceridad, bailar frente al público me causaba una inconfesable e insospechada timidez.
La danza de los negritos representa la capacidad del arte de expresar la evocación de un momento emocional importante como el dolor intenso, el sufrimiento, físico y moral, del hombre de raza negra ocurrido en la época de la esclavitud, y aquí en el Perú, en la época del aciago coloniaje español. Quizás por ello se le denomina Yahuar Mayu, ríos de sangre. No voy a escribir ni relatar sobre la historia de cómo y cuándo se originó esta pesarosa danza que es parte de nuestra esencia cultural que debe perdurar en el tiempo, sino del sentimiento y la emoción que se advierte desde el momento que uno se engalana como danzante de la danza de los negritos de Chiquian.
La danza ha sido es y será una incesante expresión de emociones que, a través del tiempo y del danzante, muestra más que el mero sentimiento de disfrute y satisfacción. Danzar la danza de los negritos, con el movimiento corporal, lento, melancólico y armónico, se expresa lo que se siente en cada momento, decir con el cuerpo aquello que percibimos los sentimientos de dolor, pena y sufrimiento del hombre de raza negra.
Percibir el baile es muy distinto a lo que expresamos y con ello, hacer sentir al otro, al espectador. En la coreografía de esta hermosa danza de los negritos de Chiquian, el danzante conecta y comparte su mundo interno, espiritual y mágico con la animada concurrencia liberando su cuerpo, su mente y su ser. El movimiento del torso, del paso calmoso y cadencioso, de los brazos, del regatón en la mano, el sonido de la campañilla dota al cuerpo de singular expresividad. Esta danza de los negritos está en función de la acción del suplicio y del lamento, luego en las mudanzas se muestra alegre y jocosa. Danza que se halla estrechamente ligada a la música sonora, pausada y doliente de los predominantes instrumentos del arpa, el violín, la sordina y el saxo.
Mi flamante experiencia como danzante de la danza de los negritos de Chiquian, en el concurso de música y danzas ancashinas, denominado Huascaran, organizado por el programa televisivo Cantos del Perú, en el cual ocupamos el honroso segundo puesto, he expresado aquello que lo tenía oculto por cuantiosos años. Gracias a la perseverancia y al tesón que me impuse, he vencido a mis propias dificultades y los apremiantes temores. Además, confieso con toda franqueza que hoy valoro con verdadero placer esta danza, que colma de ventura mi corazón otoñal.
He percibido un encanto inexplicable en el entusiasmo del público. El movimiento de una multitud de espectadores, al apoderarnos de sus sentimientos y fundirlos en un sentimiento único mediante nuestra expresión corporal, hace que vivan un instante en nuestra vida, todo esto, es un goce del alma que embriaga el corazón y que no olvidaré jamás.
También debo aseverar que bailar es parte intrínseca del ser humano y nos da la posibilidad de volver a los orígenes de nuestra autentica danza que debemos valorar con amor propio la cultura y el arte que nos han dejado como herencia nuestros antepasados.
El Pichuychanca.
Lima, 9 de julio 2023
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| Danzantes de la Casa de la Cultura de la Provincia de Bolognesi Chiquian. |
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| Dannyra Ramirez |
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| Leonardo Cárdenas |
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| Ever Reyes |
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| Nuestro maestro. Cirilo Antaurco. |
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| Fernando Ramírez |
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| Hugo Vilchez |
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| Victor Hugo Chapillaquen. El Millisho de la danza de los negritos de Chiquian. |
El pichuychanca.
Chiquian, 9 de mayo 2021
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| Plaza Mayor. Chiquian |
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| Tejados de teja, torre de la Iglesia, verdes praderas y los cerros que bordean a mi Chiquian querido. |
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| Huamgan |
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| Recogiendo mis pasos perdidos por este apasible pasaje pastoril. |
A medida que pasaba los años, de pronto, con pasos contenidos, me dirigía al jardín, en seguida, a la escuela, luego al colegio. En ese entonces, mandado por mi bondadosa madre, en inconfundibles periodos del año, con los baldes acerados, raudo, acudía al manantial de Parientana con el propósito de acarrear el agua. En otro momento, partía a toda prisa al estadio de Jircan con el fin de jugar fútbol, o a la chacra con el objetivo de traer el choclo y la alfalfa, en estas apremiadas circunstancias, no me percataba por nada del mundo, salvo de unos cuantos, de la existencia de los solariegos zaguanes y de los portones.
Ahí, bajo el umbral del joven o vejo portón y la luz mortecina del farol, acompañado de las perlas del cielo oscurecido en noche clara sin luna, o con la presencia de la luna menguante agazapada entre lisas nubes, los flamantes y clandestinos enamorados, arrebujados de tibios abrazos, se robaban besos acalorados y húmedos.
El zaguán, de distinto tamaño y forma, daba acceso directo al amplio patio en donde los revoltosos niños jugaban de modo perseverante y sin preocupación alguna. También, era la entrada hacia el jardín cuyas plantas derramaban aromas embriagantes, junto a este espacio estaba el corral, lugar de oportuno reposo para las borregas de abundante lana y de las intrépidas cabras, luego de haberse alimentado en los verdes prados durante todo el día. Así mismo, el redil era el recinto de sosiego de las vacas con su ubre colmado de leche para ordeñarlos al día siguiente, así como también, de los exhaustos caballos luego de haber transportado al amo de su vivienda a lugares ignotos y viceversa.
Todavía hay casas que se hallan de pie resistiendo estoicamente al ineludible y cruel tiempo. Como también, hay casas que sufren modificaciones de sus primigenias estructuras y los corrales desaparecen poco a poco y, junto a ellos, el antiguo zaguán de tañidos estrepitosos que no se cansaban ni se lamentaban cuando se les abría para recibir con afecto al visitante, o se les cerraba para guardar ciertos secretos de la casa, siempre fiel a su dueño.
Ahora, cuando marcho con pasos pausados, por las calles campestres de mi dorada patria chica, avizoro con más detenimiento a las casas de remotos portones heridas por el paso del violento tiempo, entonces, de inmediato, mis pensamientos me dicen con profunda nostalgia: "Aquí vivía... "
El Pichuychanca
Chiquian, 28 de marzo
P/ d. Son muchas, muchas fotos de las antiguas puertas y portones de casi todas las casas de la tierra natal. Fotos captadas, con mucho cariño, de calle en calle. Algunos zaguanes deben pasar, me imagino por el estado que se encuentran, de los 50 a los 100 años. Y más.
Espero no cansarlos por las decenas de fotos de las inolvidables puertas y portones de vuestra casa, por donde ingresaban y salian en tiempos idos y de seguro les hará latir el pecho al recordar con añoranza de su infancia y adolescencia. Aqui las imagenes ¿Lo reconocen, cual es el tuyo?