El Pichuychanca
Chiquian, 17 de octubre 2021
El Pichuychanca
Chiquian, 17 de octubre 2021
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| Vista panoramica de Chiquian, desde Jaracoto |
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| Vista panorámica de Chiquian desde el cerro de Jaracoto |
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| Vale de Aynin, nevado de Tucu, Centro poblado de Pampan, distrito de Huasta |
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| Emblema Nacional, flamea en la cumbre del cerro de Jaracoto. |
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| Viata panorámica desde la orilla del canal de Tucu |
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| Cordillera de Huayhuash |
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| Nevado de Tucu. |
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| La incontrastable y generosa villa ciudad de Chiquian |
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| Cueva de calaveras |
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| Canal de Tucu |
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| Con los amigos de la escuela, Jorge, Luis el profesor Romeo, José y Hugo |
Al siguiente día me animé a visitar el plantel de don Josué, en aquel tiempo, ubicado en un rincón acogedor del barrio bautizado como Tranca. Lo encontré transformado por completo. Los dignos salones de adobe, con el extendido pizarrón negro, el techo de teja y el patio ceniciento, que ayer me albergó con dulzura, fueron reemplazados por el ladrillo y cemento. ¡En hora buena! Pero también de nombre, hoy se llama Guillermo Bracale Ramos.
Parado al frente de la escuela, que durante cinco años fue mi segundo hogar, de nuevo, en segundos resucitaba en mi memoria recuerdos inolvidables de la infancia, y en mi imaginación, las fogosas huellas borradas por el cruel tiempo. En seguida, sin poder contenerme de la emoción, ardientes lágrimas se asomaban en mis penosos ojos regando mi rostro otoñal.
Evoco a don Josué, el director de la escuela, con su sonrisa cálida y su dedicación por la educación, que junto a los queridos maestros, cada uno con su temperamento y metodología, no solo nos impartían lecciones de letras y números a los traviesos escolares, sino también principios fundamentales como valores, ética y moral.
En segundos, que parecían minutos u horas, mi memoria, repasaba las aulas resplandecidas por la luz mañanera del sol que, poco a poco, se filtraba a través de la ventana, de espejos cristalinos y resquebrajados, con el fin de abrigarlo con su bondadoso calor. El pizarrón, rectangular y negro, enclavado en la pared de adobe, en contacto con las tizas de colores, emita un murmullo discreto mientras el profesor exponía su clase con perseverancia y afán. La escuela fue una institución de búsqueda de algo nuevo para mí, donde la curiosidad y la creatividad brotaban bajo la guía experta de estimados maestros, de modo especial de Romeo Reyes Gamarra, mi tutor.
Durante la permanencia en la escuela de don Josué, además de ser un espacio de instrucción, fue un lugar donde se forjaron amistades y se fundarían recuerdos que persistirán hasta el postrero aliento de mi existencia. El corredor Sebastián Salazar Bondi, el patio ceniciento, el austero jardín bien conservado, fueron confesores de diversiones, retozos y ocurrencias infantiles tanto de los amigos como el mío.
Don Josué y los demás maestros procuraban brindarnos una educación de calidad, su tesón e ímpetu por la enseñanza eran palpables en cada clase. Su influencia en mi vida ha sido fecunda y les estaré eternamente agradecido por los conocimientos y valores que me impartieron
A la escuela de don Josué, a los maestros, Hernán Reyes Aguirre, Moisés Rayo Minaya, Luisa Silva Romero, Leonor Fuentes Pardo, Nila Zúñiga Gamarra, Romeo Reyes Gamarra, Teudulfo Ramírez, Wilfredo Ortiz Aranda y al Director, Josué Alvarado Cruz, siempre y con infinita gratitud los tendré presente en mi memoria y el corazón como un recordatorio de la categoría que tuvo en la enseñanza de aquel tiempo, y el impacto que derramó en la vida de los escolares y de las personas en general.
El pichuychanca
Chiquian, 3 de julio 2026.
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| En plena tertulia. Encuentro 2011 |
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| Vista panorámica de Chiquian desde el cerro de Jaracoto, |