domingo, 15 de noviembre de 2020

Zocalo II. Momentos inolvidables.

Hay tiempo para madrugar, momentos para la introspección, momentos para divertirse y etapas para ponerse en contacto con las raíces de la tierra natal. Mi querencia.

Zócalo de Chiquian



Es de madrugada y de los cuatro árboles pretéritos, los Pichuychancas trinan con su canto sonoro.

Pileta centenaria, debe regresar a su lugar.

Tiempo estival. Zócalo de Chiquian

Son las 6 am, el Zócalo es arrebujado por brumas pardas.




Zócalo de Chiquian


Noches de completo silencio y tranquilidad armoniosa.






Noches de ensueño, contemplando la luna



El Pichuychanca
Chiaquian 2020
Archivo foto 2017




jueves, 29 de octubre de 2020

Rejuveneceré.



Chiquian, mi querencia.


Rejuveneceré.


 Sin advertir el tiempo, sin tiempo, abrumadas y seductoras estaciones, desfilaron inexorablemente. Detrás de la calle angosta, detrás del camino sinuoso y detrás del manto verde del prado se quedó el esplendor. Sobre mi íntegra tez atezada, manan surcos de lo vivido, y los primeros cabellos canos en la azotea, atravesando el tiempo, sin tiempo, va previendo la nomotética acogida de mi perentoria e inevitable edad otoñal. El infalible tiempo, sin tiempo, infame raptor, sigiloso, me ha privado los años mozos. Más, no es una queja de un año más de mi vida. Yo, estoy agradecido de él, que minucioso todo lo registra y guarda. Tengo la espabilada esperanza del tiempo, sin tiempo, que los jóvenes del mañana, inquisitivos lectores, en cada alborada hermosa, en cada tarde hechicera, en silencio o en voz alta con aspiración y entereza, leerán mis versos consagrados a la amada patria chica. En aquel momento, rejuveneceré en los perseverantes moceríos como lozanas verdes hojas del eterno maíz. El Pichuychanca. Chiquian, calle Tarapacá, 26 de abril 2020




Chiquian, mi querencia


miércoles, 21 de octubre de 2020

Momentos de contemplacion

 En estos tiempos de apremio, las personas, sin control, priorizan las demandas de los sentidos materiales, pensando encontrar plena satisfacción en el ingente mercado de consumo. Si embargo, no encuentran ese punto final que anhelan con mucho sacrificio, la supuesta felicidad. Como consecuencia de ello, nos hemos separado consciente o incoscientemente con esa hermosa relación Hombre-Naturaleza de convivir en armonia y beatitud con el orden natural.

Esta vez, marcho por las periferias de la tierra natal para reencontrarme y contemplar absorto, en horas matinales y crepusculares, el bello y heterogéneo panorama de las albas cumbres de las cordilleras que lo rodea.

Aqui algunas fotos, preservando como siempre que les plazca.


































El Pichuychanca
Chiquian 2019

viernes, 16 de octubre de 2020

Aislados del conocimiento...

 

Contextualizando. 

 Hoy en día, con mayor frecuencia y de manera acelerada, no procuramos darnos cuenta que estamos siendo aislados, sutilmente, como en el pasado, del conocimiento filosófico, económico, sociológico, político y cultural, a través de los medios que dicen ser de comunicación y de una educación gaseosa y amañada de seudo ciencia e integral. 

Pues bien, al respecto, leyendo un libro, editado en 1977, sobre reflexiones, encontré este interesante párrafo, (se refiere en la época de la guerra civil de EEUU) en donde señala lo que acontecia con la educación de aquel entoces y que no se diferencia casi en nada con la educación en nuestros tiempos.


Había una norma muy reveladora:

"Los esclavos debían seguir siendo analfabetos. En el sur antes de la guerra, los blancos que enseñaban a leer a un  esclavo recibían un castigo severo.

Para tener contento a un esclavo -escribió Bailey más adelante- es necesario que no piense. Es necesario oscurecer su visión moral y mental y, siempre que sea posible, aniquilar el poder de la razón.

Esta es la razón por la que los esclavistas deben controlar lo que oyen, ven y piensan los esclavos. Esta es la razón por la que la lectura y el pensamiento crítico son peligrosos, ciertamente subversivos, en una sociedad injusta".

Carl Sagan

Científico

Fuente: El mundo y sus demonios.

El Pichuychanca.